Con Yeta decidimos abrir las puertas de la bodega a la experimentación pura. Esta línea de alta gama es nuestra forma de demostrar que, cuando dejamos hablar al terruño sin ataduras, nacen vinos únicos que no se repetirán jamás.
Trabajamos bajo un concepto de mínima intervención: bines seleccionados en la viña, fermentación con levaduras nativas y procesos artesanales como la crianza oxidativa bajo velo de flor en huevo de concreto o cofermentaciones con sombrero sumergido en cubas de roble. El resultado son cinco vinos honestos, rústicos y elegantes, pensados con el corazón en la tierra.